miércoles, septiembre 02, 2009

Pausa

Nos tomamos un descanso.

martes, septiembre 01, 2009

Ciudad (para una teoría de las teorías veraniegas)

En la ciudad, la distancia del taxista, nuestros recorridos son escaleras en el plano que contradicen en lo más íntimo nuestras caminatas rústicas o montuosas. La centuriación es lo que tiene. En justa compensación, para eso se inventaron las plazas: para la diagonal, la cuerda o el apotema. El perímetro es un paseo infrecuente que oculta los motivos más serios y tortuosos.

lunes, agosto 31, 2009

Polígono (para una colección de paseos veraniegos)

Conduzco por el polígono, pabellones embargados, y está desierto a estas horas. Al Oeste el Sol es una naranja; o un pomelo, que es comparación de cierta literatura. Pero el Sol se mueve rápido detrás de los chopos. Son los chopos de la ribera los que, por así decir, ascienden rápido. Como se ve, somos especialistas en describir mal el movimiento. Seguimos dando vueltas por el polígono.

domingo, agosto 30, 2009

Compost (para una colección de paseos veraniegos)

Nos entretenemos en comprobar lo avanzado de tan particular digestión, con sus grumos, sus coágulos y sus podredumbres fosilizadas. Esto nos pasa por no tener, como Abel, ovejas, que cagan bien y con semillas de trébol. Y es que alimentar el suelo, la metáfora nos sea permitida, nos recuerda cómo todo se pierde.

sábado, agosto 29, 2009

Abejas (para una colección de paseos veraniegos)

El aire movido parece tranquilizar a las abejas. No suenan sus susurros posibles ni el paraje amaga otras amenazas que la torcedura eventual de un tobillo. Este día fresco, de viento del Noreste, que señala el final del verano en estos robledales, no excluye la gracia en technicolor del serbal, ni la promesa de la zarzamora, pero sí los baños alegres y la siesta sin manta. De momento, llevamos el jersey en bandolera, como una toalla asimétrica. De un azul veneciano, eléctrico ma non troppo.

Incendio (para una colección de paseos veraniegos)

Dos aviones en retirada, uno detrás de otro, en dirección este. Sobrevuelan el pantano, se pierden entre unas nubes y tras los montes. No nos llega otra señal y la que hemos referido será señal sólida mañana, cuando sepamos de los papeles de dónde venían y qué habían estado haciendo. En este momento, es el mañana de ayer, sobre los negros tejados, sobre las calizas oceánicas de ayer, llueve.

jueves, agosto 27, 2009

La piedra repetida (para una colección de paseos veraniegos)

Nos fijamos y discutimos acerca de la piedra de este caserío y en los días siguientes la descubrimos lejos y aún más lejos. Las discusiones serán sobre si se trata de la misma piedra, sobre si se dan ciertas homogeneidades o heterogeneidades, sobre si el carácter de éstas, de verdaderamente darse, es esencial o no. Cuando se la cree reconocer en las montañas, hay quien niega que una y otra, la tallada y sometida al arte y la que formaron los sedimentos tranquilos, sean siquiera parientes.

miércoles, agosto 26, 2009

Semiplano (para una colección de paseos veraniegos)

En las áreas cercanas a la costa, recorriendo carreteras estrechas y que viran hacia otra nada, nos sentimos cerca de la frontera que separa a los dos semiplanos, uno de ellos tramado, en el libro de texto. Como las paralelas de la trama son menos gruesas que la raya que separa uno y otro semiplano, y que debe de pertenecer a alguno de ellos, tememos que el borde del acantilado merezca una de esas representaciones cartográficas en que las curvas de nivel se aproximan en un haz de ésos que cambian el color de las curvas cuando se separan, cuando se distinguen, cuando son una trama torpe, pero convencionalmente realista.

martes, agosto 25, 2009

Lluvia (para una colección de paseos veraniegos)

La lluvia concede al día una calidad opaca y que iguala carretera, cuneta, las colinas de los lados y el camión que aparece en el cambio de rasante, que también acaba de aparecer. Ahora es el día el que transmuta la lluvia ordinaria y monótona en una nada gris, en un ectoplasma en que se materializan objetos brillantes por húmedos. Sólo la lluvia no brilla y ha de esperar al extenderse sobre el asfalto, se requiere el ángulo adecuado, para convivir con esos objetos brillantes que ella ha hecho brillantes, con el raro brillo que vemos en la niebla profunda, en los rótulos amarillos, los cromados renovados.

lunes, agosto 24, 2009

Península (para una colección de paseos veraniegos)

Malacostumbrados por la escala de la Ibérica, se nos hacen anchas y largas las que caminamos, concluidas en un faro, dotadas de una construcción aislada o adornadas de unos pinos, pocos ante el mal tiempo que es usual.
Por ello, los recovecos se nos hacen geosinclinales o, más modernamente, promisorias cuencas oceánicas que recibirán nombres portentosos en los cartularios del futuro. Por ello también, y en justa y poética complementariedad, ciertas funciones orgánicas se ven aceleradas, aguas mayores y menores, las cuales como a aquél la magdalena, nos traen tantos recuerdos y urgencias.

sábado, agosto 22, 2009

Desenfilada (para una colección de paseos veraniegos)

El cálculo de la desenfilada como pasatiempo cartográfico se orla del cálculo de las desenfilada toponímica en el mapa: el paraje bien conocido por los lugareños bajo un nombre o expresión raramente único que se mantiene anónimo en la escala 1 a 50000 y bajando.
O esa otra modalidad de objetivos mal comunicados que sucede cuando el topónimo rebasa tipográficamente los límites de varios términos y alcanza, como era de esperar, a parte del extranjero.

Obras (para una colección de paseos veraniegos)

Las públicas en la carretera amenizan la tarde a todo el mundo, incluso los fines de semana, en que no vemos a los dos trabajadores que dan paso y detienen con se supone bien administrada sincronización. Por lo demás, la tarde del verano en su cadencia nos devuelve a unos años con los que asociamos la luz del poniente y carreteras estrechas entre los conglomerados terciarios que tanto agradecen la citada luz, quizá por emulación de los verdes diversos de los bosques de más arriba.

viernes, agosto 21, 2009

Sequía. Tomas. Depósitos (para una colección de paseos veraniegos)

El verano está siendo muy seco y las teorías sobre la obra civil se erigen como monumentos más caducos que la verdura de las eras. Antiguos errores que se hacen modernos, insuficiencias, rarezas de la hidrostática y de la hidrodinámica. Junto a singularidades geológicas que retumban bajo las pezuñas hendidas o sin hendir. Junto a turbiedades, grifo violento, vientos secos y nubes que engañan.

jueves, agosto 20, 2009

Agua (para una colección de paseos veraniegos)

Me levanto y orino. Vacío la cisterna y noto que no se llena de nuevo. No hay agua (Posibilidad: no bebo agua, no se llena la vegija, etc). No me ducho, ni me lavo. Cuarenta y cinco kilómetros de coche muy dormido con el bello Sol del amanecer ante mí.
Luego me ducho y me peino. Hasta me corto dos uñas. El mundo adquiere su aspectabilidad habitual; claramente sinéstesica, como puede colegirse.

miércoles, agosto 19, 2009

Muro (para una colección de paseos veraniegos)

Con los años, los muros son arena y la arena y el muro dejan de ser muro. En otras palabras, que hay que repararlo, con el saneamiento y reconstrucción consiguientes.
Pero un muro decadente es un complejo ecosistema de hormigas, arañas y larvas especialmente dotadas dentro del territorio (clase es el término, según del nombre sentencia, que también se decía de Gianni Bugno, que tenía mucha) de los insectos.

martes, agosto 18, 2009

Puerto (para una colección de paseos veraniegos)

Al puerto, con su paradójica hospitalidad, se le asignan leyendas históricas que ribetean el territorio anfractuoso de la verdad. Entre los pinos, claros que cruza el arrendajo, heraldo impertinente. Está el género de los puertos que no descubren una panorámica inteligible y que nos hacen dudar de su propia condición, que nos asoman a un engañoso valle lateral que no es aquél que buscamos y prometían los sedicentes viajeros.
Como de la condición de las fronteras y los tributos, de cuya verdad no dudaríamos si no fuera porque es tan usual mostrar con subrayada deixis am phantasma los legajos, los documentos, las señales de tráfico.

lunes, agosto 17, 2009

La importancia de estar Ernesto (para una colección de paseos veraniegos)

Debe de haber un animal muerto, ahí entre las dos casas, entre la maleza, entre que no huele demasiado como para tomar medidas. La breve lluvia, ¿incrementa el mal olor como suele suceder con las viandas hechas sopas o no lo hace? ¿O podemos invitar al buitre a que inspeccione entre las zarzas, bajo los pinos, al otro lado del río entre los árboles?

domingo, agosto 16, 2009

Gotas (para una colección de paseos veraniegos)

Sobre la superficie opaca del agua, del agua que nos rodea, las gotas de lluvia caen en su canto aleatorio y, goterones al fin y aún escasos, forman burbujas que nos recuercan a una piel aquejada de una dolencia juvenil y más bien leve.
Hace frío, o tenemos frío, mojados; alguien intenta protegerse con una toalla. Por lo demás, calma chicha que deja que las gotas caigan verticales como plomadas sobre el plomo del agua opaca, que ya había dicho. Renunciamos a llegar a la isla y al regresar la lluvia escampa, pero es un espejismo también opaco que dura poco. Nos rendimos y ya en tierra nos seguimos mojando con la lluvia de agosto.

sábado, agosto 15, 2009

Dietario (para una colección de paseos veraniegos)

Mañana: Paseo por los bosques, pinos, hayas y robles. Las vacas para arriba y para abajo. Mediodía: preparo marmitako. Tarde: siesta. Más tarde: Corro hasta el pantano, nado, y vuelvo corriendo. Cena: sardinas, tomate, esparragos, vino de cosechero de Álava. No ha habido tormenta. La del primero me llama.

viernes, agosto 14, 2009

Robo (para una colección de paseos veraniegos)

Nadar y guardar la ropa. Nos roban unas zapatillas que dejamos en la orilla. Parece que se aprovecharon de más cosas, a juzgar por las informaciones que intercambiamos con otros bañistas ,aunque sólo sea para así interrumpir un tanto las palabras gruesas y hallar otro consuelo.
Hagamos hipótesis sobre las rentas legales de los levantadores, quienes parecen mas interesados por el capricho que por complementar aquéllas de un modo consistente. O, a lo mejor, estaban haciendo un cursillo.

jueves, agosto 13, 2009

Buzón (para una colección de paseos veraniegos)

No veo la manera de colocar el buzón. Lo sigo pensando y no veo cómo. Hay malas soluciones naturalmente. Una posibilidad es enmarcarlo en la hiedra porque ésta ocultaría el apaño trasero que lo sujetaría a la valla. Además, la hiedra nos acabaría sumiendo en un dulce olvido postal, que avanzará mientras anhelamos idear pareja tranquilidad en lo que hace al correo electrónico.

miércoles, agosto 12, 2009

Sin salir de casa (para una colección de paseos veraniegos)

Hoy no salimos de casa, cercados por el misterio de la fiebre. Así que recorremos caminos inaprensibles y adormilados. El día transcurre con la mansedubre a ratos alterada de la calentura. Al final del día, desembocamos en obsesiones menores y domésticas, que suponen un paréntesis y un espejismo ante la previsible recaída.

martes, agosto 11, 2009

Carrera cuneta (para una colección de paseos veraniegos)

Correr sobre la cuneta, a lo largo de la cuneta, carretera nueva, carretera vieja, ésta con gravilla suelta, más clara, de bordes desdibujados, aunque esto depende de la escala y la zancada es la medida de todas las cosas. Hasta que lo es la falta de resuello.

lunes, agosto 10, 2009

Agosto (para una colección de paseos veraniegos)

Al salir a la recta, rumbo sur, veo por el retrovisor las laderas amarillas que son Álava y Navarra. Sigo y el valle sigue el valle, como si el tiempo no estuviera hecho de montes desbrozados, hasta que el terreno se abre y veo lo que fueron cebadas doradas. Luego, la orla ocre del pantano. Los pinos viejos, sus ramas bajas, su concavidad hacia abajo, al menos hasta el breve resurgir del extremo, como figúrese usted qué.

domingo, agosto 09, 2009

Ciudad (para una colección de paseos veraniegos)

La ciudad del domingo es una conocida invención de algunos literatos que tampoco trabajaban mucho los otros días de la semana. Y se trata de una invención tan pregnante que salimos a la calle y vemos la ciudad en frente de nosotros bajo la plantilla de aquélla, literaria y oscilante entre lo zarzuelero y lo esplínico con algunas inflexiones de música militar en el parque.
Nótese que este efecto pone en duda todo planteamiento fenomenológico que se quiera hacer de las más variadas cuestiones, porque lo tenemos delante es algo que nos hemos creído tiempo atrás. O sea, que todo fenómeno es tradición inventada.

sábado, agosto 08, 2009

Cemento (para una colección de paseos veraniegos)

El mortero y su deposición a través de los años, de los inviernos infaustinos, llama a vigilar el muro. Arena, cemento y agua. Como si faltase la sal, que quizá sea la grava. Escribo con manos iracundas y dañadas por la aplicación que han puesto en la aplicación de la masa. El gremio de la construcción y sus manguerazos. Además la temperatura baja sin ninguna consideración en este agosto en que leemos " trece grados". San Mamés bajo las aguas.

viernes, agosto 07, 2009

Barrido (para una colección de paseos veraniegos)

Con la lluvia de ayer la serpiente habrá llegado al pantano y las truchas se la estarán comiendo. Eso o cualquier otra cosa. No sé si se da aquí una suerte de justicia poética: la serpiente que come ratones o come truchas es comida, aunque ya muerta. El nitrógeno, que no se pierda ni vuelva a ser molécula diatómica. Dígalo usted sin olvidar la cadencia adecuada, cenizas, tierra; o humo, sombra, nada. Ni la serpiente ni otras tentaciones.

jueves, agosto 06, 2009

Cadáver (para una colección de paseos veraniegos)

Ahí sigue la culebra, lo que se dice de dimensiones y verdes considerables, los verdes más o menos pálidos, vientre o lomo. A un metro de la boca del gran desagüe, que es también un tubo.
-Pero la serpiente no es un tubo simple, explica alguien. O es tan tubo como nosotros.
Ante el animal muerto, la conversación vira hacia la embriología y deriva hacia los celentéreos microscópicos de pantano, y luego se disuelve en el agua revuelta de la tarde.
Hemos dejado atrás el desagües, seco, y la serpiente, lo que aún queda de la serpiente muerta, y arranco el coche, que no es tan invernadero como había venido temiendo. Cruzamos al poco tierras donde otras culebras lloran con las lágrimas que les han prestado sus primos, los cocodrilos, quienes -como todo el mundo sabe- son bolsos y no son tubos.

miércoles, agosto 05, 2009

Parabrisas (para una colección de paseos veraniegos)

Hemos tenido tormenta a la ida y a la vuelta. La lluvia ha lavado el parabrisas al precio de convertirlo en una barrera traslúcida y engañosa. Hemos visto luego la tormenta a nuestra izquierda como en una amenaza pictórica, goyesca, tal vez inconcreta y eléctrica.
Ahora dudamos acerca de los faros. ¿Los apagamos o los dejamos encendidos? Me refiero a la romería que seguimos y a aquélla con la nos cruzamos, que tal vez haya conocido otra tormenta. O la misma tormenta, que esto nunca se sabe, por lo de inconcreto.

martes, agosto 04, 2009

Gafas (para una colección de paseos veraniegos)

Astillas, esquirlas, chispas que buscan los ojos con la constancia de lo multiplicado. Me protejo con unas gafas que huelen a plástico barato y pienso en el noble arte de la esgrima. El mundo se ha alejado considerablemente y habita en una burbuja cóncava e imposible. El trabajo, que embriaga.

lunes, agosto 03, 2009

Rama (para una colección de paseos veraniegos)

Doblar la rama para poder cortarle la punta. O intentarlo con la escalera, que es emblema de inseguridad. Al final se soluciona con ayuda. Logramos pasar un cuerda y un cable más resistente. Caen las puntas con sus piñas resinosas, que venían pringando todo. Pero ahora se nos plantea el reto de piñas en ramas más altas. Una obsesión o una manía que deberemos disolver o a la que deberemos poner un lema: “plus ultra” o “altius, fortius”, o algo así.

domingo, agosto 02, 2009

Agua de motor (para una colección de paseos veraniegos)

De la acequia bombea un agua turbia y detenida, pero dulce como agua de motor. Paso en la bicicleta y los afanes del regador me entretienen hasta el próximo bache. Al volver, la bomba sigue funcionando.
Adelanto a un hombre al que me he cruzado antes. Ha caminado kilómetros por una lechuga y puede que dos tomates. La salud y una vida hecha a la pobreza. A ese hombre le conozco de hace tiempo. A sus ojos claros no parece molestarle el sol. Las vacas de la vaquería se agrupan como si eso aliviase el mediodía. Cruzo el río cansado. Sudo agua con sal.

sábado, agosto 01, 2009

...y el martillo (para una colección de paseos veraniegos)

Voy a por el martillo(1) para sacar una pieza atascada y no hay martillo. Sé que hay unos alicates por ahí y de un alicatazo, la pieza sale. Pero no hay martillo, arma divina y prototipo de herramienta. Intento recordar dónde lo puse, pero no hay martilleo en las sienes ni hay compás ni martinete. El martillo y su alma de péndulo físico para ejemplo e ilustración de estudiantes. También para los que no les daba la cabeza y, por consiguiente, zapatero a tus zapatos. Consignemos la advertencia famosa: “En la cabeza no, que está estudiando.”

(1) Para algunos: me obsesiona tanto el martillo que si acudo en su busca a algunos lugares, será por el martillo o por la esperanza de encontrarlo.

viernes, julio 31, 2009

La hoz (para una colección de paseos veraniegos)

¿Y qué decir de esta vieja compañera que nunca conocimos en nuestra mano? ¿Y de cuándo la movemos hacia fuera, empecinados en acabar con hierbas que crecen vecinas a muros y bordillos?
Recuerdo la zoqueta, que rimaba puntiaguda con la hoz y que se me hacía incomprensible en el mundo incauto del niño que era yo según las últimas estadísticas. Recuerdo que no sabía que se llamaba zoqueta y que la cebada no valía mucho.
Ahora la hoz es un recurso estético y estéril del jardinero, por no dejarla allí tirada explicaremos, y la zoqueta desapareció de la casa, como la cebada, la trilladora pintada de rosa y la verdura pintada de amarillo agosto de las eras. Ahí se queda, la amolaremos bien para el próximo junio.

jueves, julio 30, 2009

Remachadora (para una colección de paseos veraniegos)

La remachadora nos asombra con su hábil y arquimediano ejercicio sobre lo sólido. Descubre lo fluido de lo sólido, como la cizalla y como la cizaña. Sus brazos largos piden un sólido y un mundo y yo con medio cuerpo fuera, mientras intento recomponer el tendedero, me pregunto por las palancas nada sutiles que me ponen en marcha para salir en estas descubiertas, en estos paseos, a que el bricolaje obliga.

miércoles, julio 29, 2009

Las bicicletas pesadas (para una colección de paseos veraniegos)

Mi bicicleta pesa lo suyo y me sube cuando yo la subo desde el pantano hasta mi casa, 200 metros de desnivel como doscientos soles a plomo de este mediodía. La bicicleta popular, gorda como un tordo gordo, nos desencaja con su prestigio montuno y sus ruedas que no desentonarían en una tractorada y que nos vuelve a encajar cuando falsamente pensamos que con una bici ligera como las que se compran los que saben andar en bici, subiríamos con la ligereza de un espíritu alado, armónicos y flexibles como juncos o como el comedero pensativo de un jumento; con una souplesse alelada de nuestras caderas como orejas, valga el oxímoron

martes, julio 28, 2009

Cuatro calles (para una colección de paseos veraniegos)

Los días en ciudades pequeñas y con un propósito definido y que ocupe suficiente número de horas se concentran inevitablemente, de no mediar una buena dosis de fuerza de voluntad, en un circuito limitado que busca -y ello depende de la época del año- la sombra o el sol, o que los ha encontrado ya y que se repite en su analema de pasos cortos y perezas incrementadas.
Por su lado, las ciudades pequeñas pespuntean sus mañanas y tardes de batallas antiguas entre los canónigos y los alcaldes, o entre las fortunas viejas y las que no acaban de aterrizar. Por si no fuera suficiente con ello, amenizan las esperas del viajero con cierres de establecimientos alguna vez gratos y con la correspondiente y paralela eclosión sustitutoria de oficinas bancarias y escaparates que ofrecen mercancías que se producen lejos, allá de donde proceden los viajeros y los turistas, determinados a devolverlas a su origen.
Los burgos podridos al sol que aprendieron a disociar representación política de poder efectivo saludan al visitante curioso con aire de anciana virgen, consagrada para siempre a una empresa absurda e irrepetible. Han aprendido a esconder en qué bolsillo están.

Tomado de J. R. Ewing, Viajes por llanuras y mesetas, Fort Worth, Trinity Books, 1991.

lunes, julio 27, 2009

School for Scandalous Heat (para una colección de paseos veraniegos)

Las camisas y sus alegres cromatografías de sal, sales y sudor. Un lavado por semana y otra semana para el lavado. Lo esencial de aquel verano era el modo como entramos a considerar la nueva vida una vida normal, o hasta la vida. El núcleo de aquel verano era la afectación del horizonte en aquella región esteparia e infranqueable.
Dos veranos después, nos estaban esperando aquellos parajes como esperan los fantasmas sepultados que casualidad simple o el disfraz político de un concienzudo programa haga ver la luz al yacimiento arqueológico y pomposo, viscoso y mancomunado.
El calor era también el antepredicamento de todas nuestras inconsecuencias y pequeños reveses, una ontología que se atenuaba en el crepúsculo, en las horas translúcidas del amanecer, en el cuerpo de guardia, en la prevención, en el calabozo.

Pako Gabikakoetxea, El verano de la más alta torre, Villanueva de Mena, Libros Cuatro Rosas, 2009.

domingo, julio 26, 2009

Piscina a lo ancho (para una colección de paseos veraniegos)

Tirarse de cabeza cuando no es metáfora y es literal en la piscina azul de tanta alcachofa. El discente niega cualquier dolor tras la tripada progresiva. Ése es el triunfo de la pedagogía. Es el alumno ha emprendido el viaje exigente de su obcecación sagrada.
Se ha comprobado con ciencia y con rigor que las lecciones de zambullida se imparten casi siempre por la tarde y mirando al oeste, desde donde el Sol no deja de calentar el agua y de movernos a improvisar viseras, contraatacadas desde el reflejo que parte del agua y de otros segundos cielos.
Más tarde aún, el Sol y la toalla enjugan las esférulas de luz que permanecen sobre la piel de los bañistas, un tanto decepcionados, todo hay que decirlo. En la piscina se entretienen extraños animales procedentes de un mundo perdido, de una sentina abarrotada de infatigables depuradoras y sus orines de décadas, un museo que atesora algunos bañadores Meyba.

Tomado de Joaquín Javier Pi y Pi, Compás entre equinoccios dislocados, Lemóniz - Gatica - Amherst, Cuadernos ingrapables, 2009.

jueves, junio 04, 2009

Masa

El cemento minifundista que no ha accedido a la hormigonera, la arena y el agua que se proporcionan como si domináramos la plasticidad y la viscosidad que pedimos a la aplicación. El cemento y sus servidumbres verticales, como la Arquitectura en la Estética de Hegel. O en algún lugar de la Enciclopedia.
El cemento y la malla de gallinero como un remedio contra el tiempo. Miré los muros de la patria mía.